sábado, 2 de noviembre de 2013

Una cajita, una personalidad.

GUARDADA BAJO MIL CANDADOS, DESTROZADOS.

Sentir que ésta que ven no sos tú. Tú sos esa que está en esa diminuta cajita, guardada bajo mil candados, destrozados por mil y una peleas.
Pasando desapercibida, ahí está tu verdadera personalidad. Escondida y sin que nadie la note, ella pelea todos los minutos de todas las horas, una guerra interminable.
Tratando de ganar la pelea entre la personalidad falsa que todos ven, y ella, sólo una simple cajita resguardada. Personalidad falsa que ella misma creó, para no volver a salir lastimada, poder vivir sin importar lo que diga la gente.
Sin sentir esa herida latente que traen los recuerdos, las experiencias y las memorias.
A veces tan sólo por un segundo, sientes que te liberas, que se abren algunos candados que ayudan a sentirte mucho mejor. Con sólo dos o tres candados basta, es la cantidad suficiente, con sólo el objetivo de poder respirar. Sólo con no sentir que tu pecho se oprime, a causa de alguien o algo.
Esa liberación, es tan sólo momentánea, causada por cualquier cosa. Algo tan simple como un abrazo, un beso, un sentimiento, o un te quiero.
Es una guerra interminable, entre está personalidad falsa que todos ven, y quien realmente sos. Una guerra entre lo verdadero y lo falso, lo triste y lo feliz, la realidad y la ficción. Es una guerra entre un futuro incierto y un futuro cierto, simplemente no sabés con certeza que va a ser de ti, que pasará.
Hoy yo me planteo un objetivo; ganar esta guerra casi imposible, que parece no terminar nunca.
Tengo que arriesgarme, y jugar todas mis cartas, para poder decir con orgullo que salí victoriosa.
Si, ese es mi objetivo. No va a ser fácil jamás, pero nadie dijo que vivir sería fácil. El que lo haya dicho, está equivocado.  

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